El poder cinegético y las cacerías del hombre

Jorge DrouillasPor Jorge Drouillas Espinosa. Magíster (c) Historia y Ciencias Sociales Universidad Arcis. Miembro del Grupo historiayjusticia.org

Con base en los estudios de Grégorie Chamayou, con su obra “Las cacerías del hombre” (1), ha surgido la necesidad de reflexionar sobre el papel de las ideas intelectuales en la validación de persecuciones violentas contra esclavos, pobres y excluidos por la visión unilateral de la realidad occidental. En este contexto podemos continuar desarrollando la idea planteada en columnas anteriores, donde la validación de la persecución penal contra formas tradicionales de supervivencia y resolución de conflictos se transformó en una necesidad científica y política.

Desde comienzos del siglo XX, la ciencia penal unida a la biología determinista, construye la figura del delincuente medida por su raza, aspecto y adhesión al status quo. En este sentido las ciencias como la antropología, el derecho, la medicina, la historia validaron la exclusión y la “cacería” de indeseables, construyéndose todo un aparato científico administrativo que tendiera a apresarlos e introducirlos en sistemas carcelarios, que en teoría los reformarían.

Foucault es claro al formular que la cárcel tendió a producir un tipo de delito que era directamente proporcional a la construcción de una industria delictual, en el cual se reforzaba el monopolio de la violencia por parte del estado y el crecimiento de todo un sistema intelectual que reforzaría su posición de poder sobre los detenidos y grupos excluidos del modelo. La nueva creación de un homo delincuente como un alienado, da pie a nuevas ciencias como la psiquiatría, la criminología, la investigación policial y una serie de profesionales que existen para justificar la “caza” de anormales.

De este modo durante las primeras décadas del siglo XIX, los distintos organismos de seguridad no solo apresaban a quien cometía delitos “violentos” como había sido la tónica durante el siglo XVIII, además, el sujeto criminal se expandió hacia otros grupos como los homosexuales, indígenas, vagos, comunistas, anarquistas y otros excluidos de las esferas de poder.
 
Desde mediados del siglo XIX, las repúblicas Latinoamericanas, decidieron poner en juego su modernización occidental con base en la “cacería de hombres”. Construyeron la nación primero con los indígenas, bandidos y movimientos obreros, para así construir una visión uniforme de “modernidad”.
 
La cacería de hombres apunta en un sentido ontológico superior con respecto a la validación de la dominación del género humano, por parte la filosofía, el humanismo, las ciencias naturales y la economía. La reflexión que el poder cinegético debe generar es la responsabilidad de la ciencia en cuanto al género humano y su futuro haciendo hincapié en la responsabilidad de esta en la construcción de un discurso inclusivo y progresista.

(1) Chamayou Grégrorie, “Las cacerías del hombre, historia y filosofía del poder cinegético.”, Ediciones LOM, Santiago, 2014.

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