Ideas sobre la criminalidad, el debate científico en Chile 1899-1905

Por Jorge Drouillas Espinosa. Magíster (c) en Historia y Ciencias Sociales, Universidsad Arcis. Miembro del Grupo historiayjuaticia.org

En esta segunda parte, la discusión científica se centra en el descontento popular de comienzos de siglo XX conocido como la “cuestión social”, donde las ideas anarquistas estaban penetrando paulatinamente en los círculos obreros.

Para los criminalistas, las investigaciones de la criminología positivista, fueron fundamentales para crear una base de pensamiento científico respecto a los nuevos fenómenos de descontento social, que escapaban al clásico modelo de criminalidad vinculados a la violencia interpersonal. Los nuevos crímenes se presentaban a ojos de los abogados como fruto de ideas peligrosas para el orden jurídico liberal.

Tal como si de una entidad biológica se tratara, una idea podía ser sumamente perjudicial para la población más predispuesta a la criminalidad, que para los estudiosos eran las clases populares.Según los postulados de Escipión Sighele, criminalista positivista italiano, que estudio en profundidad la psicología de masas. El problema sería la vulneración de la autoridad, que llevaría a la multitud al descontrol. “apenas la prensa cotidiana se hace agresiva contra la autoridad y emprende una campaña contra la legalidad de los actos de policía, inmediatamente estas gentes se hacen arrogantes y levantan la cabeza [1]."

Sighele, era un autor conocido en Chile y sus teorías ya habían sido asimiladas  por el fiscal Luis Urzúa Gana un conocido criminalista que además desde su posición judicial tenia contacto con el elemento criminal. En una columna en el diario El Ferrocarril, expone el peligro que representan estas ideas y su propagación. “En 1895 una colección de periódicos y diarios en que propagaban doctrinas anarquistas, en que se sostenía la legitimidad del robo, pues el derecho de propiedad era un abuso.”[2]

Para Urzúa el problema radicaba en la libertad de prensa que permitía difundir ideas peligrosas al orden social y más aún tendientes a afectar a la muchedumbre, predispuesta a “delinquir” por medio de huelgas y motines. Enrique Molina uno de los abogados mejor informados en torno a la teoría positivista italiana, enfoca la causa de estos males en la doctrina de E. Ferri, quien identifica la causa de la criminalidad y la adopción de estas ideas, con una “incapacidad psicológica para el trabajo metódico, el trabajo será la energía más fecunda para la prevención social del delito [3]".

Enrique Molina, llega a conclusiones similares, en su memoria de tesis, “La Selección (natural) ha sido obra del trabajo, es decir han triunfado los más aptos para la actividad regular, constante y disciplinada. Las razas incapaces de adaptarse al trabajo han debido perecer, aunque hayan estado dotadas de altas cualidades guerreras [4]".

Molina evidentemente hace alusión a los araucanos, quienes son parte del debate científico dado su bajo nivel civilizatorio, según la hegemonía cultural reinante, bajo este argumento las ideas socialistas que tendían a pedir mejoras laborales, eran un ejemplo de esta “falta de trabajo metódico” en la sociedad. Existe sin duda alguna la construcción de discursos de saberes en los cuales se busca sustentar el orden liberal y sus precariedades sociales. Es aquí donde la ciencia toma un discurso de poder, para definir las pautas de conducta social, que son beneficiosas al orden liberal. El saber científico se articula como un dispositivo modelador de la “correcta sociedad” por medio de su discurso.

[1]SigheleEscipion, “La Muchedumbre delincuente, ensayo de la sicologia colectiva”. España Moderna, Madrid  1900. Pág. 96.

[2]Urzua, Gana Luis. Diario El Ferrocaril, 21 y 22 de Noviembre de 1900 ( inédito). Santiago.

[3]Ferri, Enrique. La Justicia Penal. Madrid 1899. Pág. 15.

[4]Molina, Enrique. Algunas consideraciones sobre la criminalidad. Memoria para optar al grado de licenciado en la facultad de leyes y ciencias policías. Chillan 1901. Pág. 12.

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