La domesticación del maqui

El descubrimiento de las propiedades antioxidantes del maqui provocó un enorme interés en la industria. La demanda fue tal que se puso en riesgo la supervivencia del fruto, hasta que científicos apoyados por CONICYT, a través del Programa Fondef, generaron nuevos mecanismos para explotar de manera sustentable esta especie, obtener nuevas variedades y hacerla más atractiva para los mercados.

Gentileza Universidad TalcaEn 1844, en su “Atlas de la Historia Física y Política de Chile”, el naturalista Claudio Gay documentó la existencia del maqui, señalando que los “nativos lo utilizaban para preparar chicha”, pero sus propiedades medicinales eran ya ampliamente conocidas en el sur de Chile por pueblos como el mapuche. La popularidad de la Aristotelia chilensis –nombre científico de la planta- llegó a ser tal en el campo, que incluso Violeta Parra lo incluyó en un verso de Casamiento de Negros, aludiendo en la canción al “zumo de maqui del cerro”.

Este fruto silvestre, originario de la zona sur y austral de Chile, ha logrado en los últimos años una alta demanda a nivel mundial debido a los recientes estudios demuestran su poder antioxidante. Un nuevo estatus que ha planteado una oportunidad para la agricultura local, pero también un riesgo para la conservación de la especie.

“Rápidamente se corrió la voz de que la planta contenía más compuestos antioxidantes, lo que aumentó drásticamente la demanda por el maqui. Sin embargo, nunca antes se había cultivado, crecía en forma silvestre y su fruto sólo se recolectaba, para lo cual se cortaban sus ramas de modo tal, que esta no podía dar frutos al año siguiente. Con el fin de producir materia prima para procesos agroindustriales, surgió la necesidad de plantear una forma de explotación sustentable mediante la domesticación”, recuerda la investigadora de la Universidad de Talca, Hermine Vogel, quien emprendió esta tarea. 

Fue así que la investigadora y su equipo dieron, en 2007, los primeros pasos hacia dicho objetivo, adjudicándose en 2010 el proyecto Fondef “Screening de material genético y desarrollo de clones y técnicas de manejo de Maqui (Aristotelia chilensis), iniciativa que buscaba mejorar la oferta de materia prima exportable y agroindustrial.

Los científicos del proyecto se abocaron entonces a estudiar las características de esta baya morada, con el fin de llegar a generar variedades que concentraran la mayor cantidad posible de sus propiedades y posibilitar su cultivo con miras a una producción comercial, sin poner en riesgo la existencia del fruto nativo.

“Cada árbol da un fruto distinto y existe una gran variabilidad. Algunos son más grandes, otros tienen más antioxidantes o son más dulces, de manera que no es posible asegurar una calidad estándar. Para llegar a cumplir con esta exigencia, seleccionamos distintos fenotipos que tienen una muy buena producción en la modalidad de cultivo y, entre otras características agronómicas importantes en el proceso de selección, logran producir frutos de determinadas características”, señala la doctora por la Universidad Técnica de Múnich y actual decana de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Talca.

“Ya teníamos una selección, pero el proyecto Fondef nos permitió probar esa amplia colección de clones en diferentes ambientes y cultivos. De esta manera, pudimos establecer ensayos, en conjunto con empresas que colaboraron con esta iniciativa y Fundación Chile”, destaca la científica.

Los mejores ejemplares de esta selección fueron establecidos en un ensayo clonal en Curicó, Talca, Chillán, Panguipulli y Río Negro, en campos de productores interesados en ver el comportamiento del maqui bajo condiciones de cultivo. Esto permitió evaluar y rastrear cuáles se adaptan mejor a las diferentes condiciones. En la etapa siguiente del proceso de selección, se lograron probar 45 de los 68 genotipos iniciales.

“Cuando el arándano llegó a Chile para cultivarlo, se adaptaron las tecnologías desarrolladas en EEUU o en Europa. En el caso del maqui, al ser una planta silvestre, no había ninguna referencia y obtener información técnica y fisiológica implicó muchos años de estudio. Es un trabajo complejo, multidisciplinario”, rescata Vogel.

Fotografía gentileza Universidad de TalcaEsta realidad obligó a abordar el proyecto desde estudios botánicos para conocer los factores que inducen la floración, la forma cómo crece la planta, en qué momento necesita más agua, su sensibilidad ante las heladas y su reacción a la luz, entre muchos otros factores. Paralelamente, se estudió la variabilidad genética y el contenido de compuestos activos beneficiosos para la salud, los que podrían prevenir enfermedades como el alzheimer o la diabetes. El desarrollo de un nuevo cultivo, además, implica probar distintas técnicas de manejo como la poda, o cosecha mecanizada. 

Este esfuerzo colaborativo permitió seleccionar tres variedades de maqui, denominadas Luna Nueva, Morena y Perla Negra, para las cuales ya se ha solicitado la inscripción en el Registro de Variedades Protegidas del SAG. La propagación y venta de este material vegetal seleccionado está disponible para los agricultores que desean establecer un cultivo comercial a través de los viveros Agromillora y Los Olmos.

“Una vez que obtuvimos estas variedades, cientos de agricultores querían hacer pruebas en sus predios, pero para eso necesitábamos muchas plantas. Así surgió, en 2014, nuestro segundo proyecto Fondef para micropropagación in vitro, técnica que permitirá aumentar masiva y rápidamente el número de ejemplares clonados para abastecer el mercado. Las plantas producidas in vitro tienen la ventaja de ser más sanas que aquellas producidas a partir de estacas, por las condiciones estériles de su manejo, por lo tanto, también hay un efecto importante en el ámbito sanitario”, describe.

Según la investigadora, aunque se ha avanzado bastante en el proceso de domesticación, se sigue investigando y realizando nuevas selecciones, con el propósito de elevar su rendimiento para que los agricultores puedan optimizar la rentabilidad de la producción.

“El papel de Fondef fue crucial en este macroproyecto de domesticación del maqui, porque nos permitió evaluar los clones en diferentes regiones. Sin estos ensayos no hubiésemos podido seleccionar material genético, identificando cuáles son los mejores para determinadas zonas. Gracias a estos proyectos logramos formar un grupo multidisciplinario y una estrecha colaboración con empresarios, con quienes seguimos trabajando en huertos pilotos, los que llevan la punta de la innovación en sus campos”, finaliza Vogel.

 

Categorías: