La ciencia y los colores de la marea roja

Chile es un país largo y angosto, de norte a sur el Océano Pacífico baña nuestras costas y nos permite disfrutar de una amplia gama de productos marinos. Sin embargo, hay eventos naturales que pueden producir daño, tanto a algunos organismos como a las personas que los consumen. Daniel Carrasco es médico veterinario de la Universidad de Chile y hace 11 años que trabaja en el Laboratorio de Toxinas Marinas de la misma casa de estudios en Castro, Chiloé. Desde allí investiga un fenómeno muy importante para un país como el nuestro: la marea roja. (Fuente PAR Explora  de CONICYT RM Sur Oriente)

Daniel relata que desde pequeño sentía mucho interés por la ciencia, “me gustaban los laboratorios y poder investigar los fenómenos que ocurrían en la naturaleza”. Es por ello que decidió estudiar Medicina Veterinaria, una profesión que está directamente relacionada con el medio ambiente y la salud pública.

“Todos los alimentos que consumimos deben tener un estándar de inocuidad, es decir, que no representen un riesgo al ser consumidos por el ser humano. Nosotros trabajamos con las enfermedades, ya sean de animales que se transmiten a las personas, o aquellas alimentarias que se generan a partir de alimentos que no estén inocuos y que podrían ser dañinos para nosotros”, señala Carrasco.

Hoy, el objetivo de este investigador y de su equipo es velar por la inocuidad alimentaria de los recursos marinos, particularmente de los mariscos, y estudiar el riesgo que existe de que estos organismos se contaminen con el fenómeno de Floración Algal Nociva (FAN), más conocido como marea roja.

“Estamos trabajando para asegurar la inocuidad alimentaria a través de análisis que permiten que las personas puedan consumir o comercializar sus productos tranquilamente. Además, nuestros resultados facultan a las autoridades para tomar decisiones sanitarias y adoptar políticas públicas en el caso de que sea necesario”. Adicionalmente, este investigador comenta que, junto a su equipo, están desarrollando una línea de investigación para que en un futuro se disponga de métodos más sensibles y específicos, para entender por qué suceden las floraciones algales y poder detectarlas tempranamente. “Desarrollamos una metodología analítica para mejorar la detección del grupo de toxinas lipofílicas o comúnmente conocidas como diarreicas por su efecto en el ser humano”, afirma. 

No todas las floraciones algales son nocivas

La marea roja es un fenómeno natural cuyo registro más antiguo aparece en el Antiguo Testamento, cuando las aguas del río Nilo se transformaron en sangre, dando lugar a una de las 10 plagas de Egipto. Sin embargo, hoy la evidencia científica explica este peculiar evento como el resultado de una floración algal.

Daniel explica que este fenómeno lleva su nombre porque cuando las microalgas en el mar florecen, se reproducen tanto que incluso pueden llegar a ser visibles por el ojo humano. De esta forma, y al ser tan pequeñas, se desplazan con las corrientes de la marea liberando, en algunos casos, el pigmento que necesitan para realizar la fotosíntesis, el que puede ser rojo, amarillo, verde o café. “Lo que se vio en algún minuto es que se generaba una mancha roja en el mar y que ésta se desplazaba con la marea, moviéndose de un lado para otro, por esta razón se le denominó marea roja”. 

En el mundo existen aproximadamente 4 mil especies de microalgas de las que sólo 60 pueden florecer. Hoy se sabe que algunos tipos de microalgas que florecen son capaces de generar toxinas en su organismo. El peligro ocurre cuando microalgas tóxicas son consumidas por los mariscos, los que concentran grandes cantidades de toxinas en su interior. De esta forma, si luego estos mariscos se comercializan y son consumidos, enfermamos. Sin embargo, Daniel aclara que cuando se produce el fenómeno de floración se pueden dar dos escenarios, que la microalga que florece tenga la capacidad de producir toxinas o no, por lo que al observar floración algal no necesariamente estamos ante un caso de marea roja.

“El hecho de que los mariscos empiecen a concentrar la toxina en magnitudes dañinas dependerá del proceso de floración. Si la floración alcanza una mayor distribución, tanto geográfica como temporal, los mariscos van a filtrar grandes cantidades de microalgas y, por lo tanto, van a concentrar estas toxinas”. Daniel relata que si ese proceso no es tan extenso en el tiempo, las microalgas podrían consumir otros alimentos, empezando de manera natural el proceso de detoxificación.

En Chile existen tres de las cinco tipos de toxinas descritas en todo el mundo: el veneno amnésico, que no presenta casos de personas intoxicadas en nuestro país; el veneno paralizante, que se cree fue el responsable del evento de varazón de machas el año pasado en Chiloé y que genera un impacto sanitario muy grave porque las personas pueden morir rápidamente; y las toxinas lipofílicas, o diarreicas por su efecto en el ser humano, para las que este investigador implementó un método de detección más sensible.   

El investigador señala que aún no es posible poder predecir la aparición de la toxina, sin embargo, la presencia de las microalgas hoy en día se utiliza como un sistema de alerta temprana. “No solamente se monitorean los mariscos en el mar de Chile sino que también se toman muestras de agua, específicamente muestras de fitoplancton. Estas últimas son analizadas por los laboratorios especializados para saber si existen estas microalgas y si las detectan se generan las primeras alertas para poder tomar las decisiones sanitarias pertinentes. Es una gran herramienta para prever lo que va a suceder”. 

Es por eso que Daniel recomienda, en el caso de los mariscos, consumir o comprarlos en lugares autorizados y en los que haya trazabilidad desde la extracción hasta su comercialización, y no hacerlo de manera informal con gente que los ofrece en la calle ya que no se conoce su procedencia.