El 30% de los adultos chilenos tiene hígado graso y un tercio de ellos agravará su condición

Un estudio realizado hace 13 años por investigadores de la U. Católica revelaba que en Chile alrededor del 24% de la población tenía hígado graso. Para entonces, la Encuesta Nacional de Salud (ENS 2003) ya mencionaba que el 61% de las personas tenían sobrepeso u obesidad (37,8% sobrepeso, 21,9% obesidad y 1,3% obesidad mórbida).

Siete años después la ENS 2010 estableció que el 67% de los chilenos tenía exceso de peso, y se espera que en la tercera encuesta la cifra siga aumentando.

Con estos antecedentes, Marco Arrese, médico del Hospital Clínico de la UC e investigador del Centro de Envejecimiento y Regeneración (Care, Chile) estima que la prevalencia de hígado graso no alcohólico es mayor, y que hoy afecta al 30% de la población.

“Se trata de una condición asociada también al estilo de vida poco saludable, al sobrepeso y la obesidad. En la mayoría de las personas tiene una evolución benigna, pero en otras puede ser perjudicial. Se estima que un tercio de estas personas podría desarrollar esteatohepatitis no alcohólica (EHNA) y con el tiempo cirrosis”, dice Arrese.

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También aumenta la probabilidad de tener cáncer, y las personas con hígado graso tienen hasta siete veces más riesgo de desarrollar diabetes y entre 20% y 30% más riesgo de enfermedad cardiovascular.

Cuando hay obesidad, existen altos niveles de insulina y glucosa y el hígado puede comenzar a acumular grasa. Si esta grasa pasa a las células de este órgano, se produce inflamación y fibrosis.

Según explica Arrese, el hígado es un indicador de disfunción metabólica, pero da síntomas sólo cuando es muy tarde. Por lo mismo, el desafío es detectar la enfermedad del hígado a tiempo, para lo que se puede a recurrir a estudios de imágenes (ecografía) y exámenes de sangre que miden algunos índices que dan cuenta de algún cambio. Cuando ya existe daño en el hígado, éste se puede evaluar mediante un fibroscan y hasta biopsia, en caso de ser necesario.
Genes

Tal como ocurre con las patologías de vesícula, la población chilena tiene factores genéticos que actúan agravando la enfermedad del hígado. “Existe al menos un gen, uno de los más importantes en determinar la adiponutrina o PNPLA3, que tiene una variación que hace que la enfermedad hepática sea más severa. En Chile, la frecuencia del gen está entre las más altas del mundo, igual que en México y eso se debe a los ancestros hispano- latinos. En nuestro país y en México, la mortalidad es más alta; en los caucásicos y negros, la frecuencia es menor”, explica Arrese. Este elemento junto con el estilo de vida que tenemos, explicarían la cifra.

La reducción de peso, una dieta balanceada, alta en fibra, sin grasas saturadas ni alcohol y reducida en hidratos de carbono, ayudan a controlar el hígado graso cuando ya está diagnosticado.

El ejercicio, al menos 150 minutos a la semana, también está indicado como parte del tratamiento.

“Hasta ahora no hay una droga efectiva aprobada, pero el futuro es prometedor. Se están evaluando al menos 13 moléculas. En tres o cuatro de ellas, que ya están más avanzadas, vamos a probar con pacientes chilenos durante este año. Se trata de un medicamento oral que actúa con un mecanismo bien sofisticado. Se ha visto que logra desinflamar el hígado pero lo que se persigue es la resolución de la esteatohepatitis antes que se desarrolle la cirrosis”, adelanta el especialista.

El grupo de investigación que dirige el doctor Arrese está en busca de pacientes que quieran participar en estudios clínicos. Para más información ingrese a www.higadograso.cl.

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