Andrés Navas, Presidente de la Sociedad Matemática de Chile: “Uno de mis objetivos es recuperar la Academia que se formaba en torno a las Olimpiadas, los matemáticos más destacados han salido de ahí”

Macarena Rojas-Abalos

Andrés Navas es matemático, pero de cuadrado tiene poco. Admite que lo sacaron con tirabuzón del colegio: “Hacía la ‘cimarra’ y me iba a la biblioteca a estudiar matemáticas, casi repito tercero y cuarto medio por inasistencia”.

Este doctor en matemáticas, académico de la Universidad de Santiago de Chile y Presidente de la Sociedad Matemática de Chile, es nuestro nuevo columnista. En su espacio nos irá acercando su gran pasión: Las Matemáticas.

Cuando estabas en el colegio participaste en las olimpiadas de matemáticas, ¿siempre quisiste ser matemático?

Siempre me gustó pero no particularmente, no más que la física o la química. Pero no fue hasta que participé en las Olimpiadas que organizaba la Asociación Matemática de Chile, que me interesé en particular.

La gracia de esas Olimpiadas es que son organizadas por la Sociedad Científica, entonces a quienes le va bien pueden entrar en contacto con investigadores, ¡y eso es espectacular! En esos años quedé entre los ganadores, así en las mañanas iba al colegio y en las tardes iba a la universidad donde me enseñaban matemáticas. De hecho a veces hacía la “cimarra” en el colegio y estudiaba matemáticas en la mañana y después me iba a la Universidad de Chile, la USACH o la PUC. Aunque por eso casi repito tercero y cuarto medio por inasistencia. En julio me llamaron para decirme que aunque fuera todos los días ya había repetido y fue el Rector de mi colegio quien me salvó. Tuvo que elevar una solicitud especial al Ministerio de Educación para que pasara tercero y cuarto medio, me sacaron con tirabuzón del colegio.

Mencionaste que las Olimpiadas son organizadas por la Sociedad Científica, ¿eso les permitía ir a competir a otros países?

En esos tiempos los ganadores formaban un equipo que representaba a Chile en las Olimpiadas Iberoamericanas. Lamentablemente eso ha disminuido por falta de financiamiento. Por ejemplo, la Olimpiada brasileña de Matemáticas tiene 100 veces el presupuesto de lo que tiene la chilena y no sólo eso, sino que la nuestra dejó de tener financiamiento del Ministerio de Educación hace dos años, entonces cada año hay que encontrar cómo financiarla.

Nos gustaría reimplantar la academia de talentos matemáticos en Chile pero entenderás que si no tenemos plata para la olimpiada anual eso es imposible. Hoy en día las comunidades científicas están muy desfinanciadas y eso es letal.

Lo que pasa es que hay un problema que es común a todas las ciencias en Chile. La Matemática es una ciencia que se desarrolla en comunidad. Si la comunidad no crece todos salimos perdiendo, entonces hay que promover el trabajo comunitario entre universidades.

¿Por qué decides seguir tus estudios en Francia?

Francia es la creme de la creme en matemáticas, es el centro de la matemática mundial. Estados Unidos es más potente pero está más repartido entre Princeton, el MIT (Massachusetts Institute of Technology), Harvard, Chicago, etc. Por otra parte, Francia concentra el 80% en París. Es espectacular, uno toma el metro y va a un seminario en una universidad y después a otra. Por eso partí e hice un DEA en Matemáticas Puras en la Universidad de Orsay Paris 11, luego el doctorado en la École Normale Supérieure de Lyon y el post doctorado en el Institut des Hautes Études Scientifiques (IHÉS).

Cuando partiste aún no comenzaban las Becas Chile, ¿qué fue lo más difícil?

Siento que en ese tiempo tenía tanta energía que no veía las dificultades. En esos años se postulaba a la Beca Presidente de la República que era de Mideplan. Pero yo me fui con lo puesto. Ese año había terminado el Magíster pero aún no tenía la licenciatura. Me dieron el diploma en julio y yo quería partir en septiembre, pero de acuerdo a Mideplan tenía que esperar un año para acceder a la beca.

Decidí partir y ver cómo podía ganar otros fondos en Francia. Tenía una plata de un premio de matemáticas y con eso compré el pasaje en avión y me fui. Un amigo que estaba en Francia me ayudó a instalarme y como a los cuatro meses, cuando no me quedaba nada, me avisaron que me había ganado una beca del Gobierno Francés, lo que me permitía vivir. Luego, al año siguiente, me dieron la Beca presidente de la República y pude vivir mejor.

Eso sí, al final del primer año como te comentaba estaba sin mucha plata, conté lo que me quedaba y compré 10 tickets en restaurant universitario que me alcanzaban para los 10 días antes de volver a Chile, y como andaba en bicicleta para todos lados no necesitaba más. Y cuando fui al restaurant a almorzar me di cuenta que lo habían cerrado ¡me había quedado sin nada, sin plata para nada!

Así que tuve que recurrir a unos amigos mexicanos que me alojaron por 10 días. Todo se resolvía así, era entretenido. Hoy los estudiantes están con miedo de irse cuando están jóvenes y no tiene que ser así porque es ahí cuando uno tiene que pasar ese tipo de experiencias. Hay mucha gente en Chile que no está preparada para el cambio. Eso no pasa en el primer mundo donde los jóvenes le dicen al papá que se van a vivir a tal lado y ni se lo cuestionan.

¿Cómo crees que tu experiencia en Francia impulsó tu desarrollo científico?

Eso es súper importante porque la matemática francesa tiene un punto especial dentro de la matemática global. La comunidad francesa es más reacia a publicar, son más elitistas, cuando una persona publica mucho en Francia lo miran mal, ven algo “sospechoso”. Eso es algo que uno va aprendiendo y a encontrar el punto medio.

Además, fue muy importante porque es un idioma aceptado por las revistas porque el francés era el idioma de las matemáticas hasta la segunda guerra mundial. Hasta ahí la mitad de la matemáticas se escribía en francés, incluso algunos polacos y los alemanes escribían en francés. Hoy cerca del 8% de la matemática se escribe en francés, de hecho, mis primeros artículos los escribí en francés.

Cuando disidiste partir a París ya habías sido aceptado por un profesor, ¿por qué después vas a Lyon a terminar tu investigación de doctorado?

Yo admiraba mucho a un matemático, con quien iba a hacer mi tesis. Pero estando allá me di cuenta de que si me quedaba ahí no iba a progresar tanto y me di cuenta que Lyon me iba a dar más. Ahí llegué a la École Normale que es espectacular, a los tres meses ya me habían dado alojamiento en la residencia así que no hubo problemas.

Según tu experiencia, ¿crees que están las condiciones en Chile para hacer matemática de calidad? ¿Qué nos falta con respecto a Francia, por ejemplo?

Es que hay una diferencia abismante. La matemática chilena ha crecido y mejorado bastante pero creo que no estamos creciendo al nivel que deberíamos. Hay una mejoría en la calidad de las publicaciones y también ha aumentado la cantidad, pero vamos a un paso demasiado lento en relación a otros países.

Los matemáticos que se están doctorando son cerca de 15 y necesitamos por lo menos unos 40 al año. ¡Falta mucho! Falta acercar a la gente a que estudie matemáticas y falta también, que Santiago deje de concentrar todo, hay que descentralizar la academia.

Hoy, los investigadores prefieren quedarse haciendo clases en universidades privadas sin vocación de investigación en vez de tomar puestos permanentes en universidades de regiones. ¡Ese es un problema muy grave! Hay veces que siento que estamos generando doctores para que sean profesores en universidades privadas de Cálculo 1 o Cálculo 2 y ni siquiera con la oportunidad de investigar.

Es una opción pero no puede transformarse en algo sistémico pues muchos de los últimos doctores en matemática están como profesores por horas en universidades privadas.

Hay otra cosa que es cultural. Personalmente, yo creo que en matemática sí o sí todo el mundo en algún momento de la carrera tiene que salir de Chile porque nuestro país está muy lejos del centro neurálgico de esta ciencia. Si yo tengo una alumna o un alumno bueno hago todo lo posible para que en algún momento se vaya de Chile. Y la gente muy buena con la que me he quedado ha sido por decisión personal, porque tienen familia o algo así.

Es importante que entiendan cómo se hace la matemática en el mundo y que vuelvan con una visión totalmente diferente. Es algo que se puede ver, hay un desfase entre las personas que se forman en Chile y las que se forman afuera, en prioridades, en expectativas, en visión, etc. No es una regla, pero hay gente que se formó para hacer su paper y sobrevivir en el sistema y hay gente que aspira a mucho más, a estar insertos en el esquema global aunque eso les signifique el riesgo de no hacer su paper porque están aspirando a algo mejor.

Eso cuesta mucho porque estamos en un medio que está muy supeditado a los índices de medición. Todo en Chile se mide en números, el número de papers y la cantidad de publicaciones.

¿Cuáles fueron las dificultades que encontraste en el retorno a Chile?

Bueno, la dificultad es que cuando uno es joven y está lleno de ideas y de energía, choca con cosas tan básicas como que la administración pública te demanda un tiempo y una energía absurda a resolver problemas que son banales. Curiosamente, no fue sino el Rector de la PUC, Ignacio Sánchez, quien reclamó por escrito por la excesiva burocracia que se les demanda a las universidades públicas. También leí una columna de Sergio Urzúa al respecto. Más allá del problema de financiamiento, éste es un problema central.

Eres Presidente de la Sociedad Matemática de Chile, ¿cómo llegaste a ese cargo y cuáles son tus expectativas?

Soy Presidente desde fines de 2014. Antes había sido secretario y siempre he estado ligado porque yo llegué a la matemática gracias a las Olimpiadas, organizadas por la SOMACHI. Mis expectativas para este año es ser actor importante en el tema de la discusión sobre la institucionalidad científica y defender el rol de las Sociedades Científicas en esto. Es importante mostrarle a la gente que las sociedades científicas juegan un rol de cohesión de la comunidad académica súper importante, y lamentablemente en Chile casi no tienen financiamiento.

Y por el lado puramente matemático tenemos que organizar dos Olimpiadas Internacionales, además de la nacional. Estoy pensando organizar encuentros conjuntos con sociedades de matemáticas de otros países, y establecer más convenios internacionales.

Mi objetivo es recuperar la Academia que se formaba en torno a las Olimpiadas, ahí nacía la semilla en nuestros alumnos. Si uno lo ve en retrospectiva, varios de los matemáticos más destacados han salido de esas Olimpiadas, y eso se ha perdido porque no ha habido financiamiento.